La Dolors y la tienda

La Dolors y la tienda

Dolors, alma y espíritu de la tienda, ha sido desde siempre una tendera nata, con madera de vendedora y feliz de su oficio. Siempre le gustó la gente, el mostrador y los productos que ofrecía.

La Dolors II

Le gustó desde bien jovencita. Tenía 17 años recién cumplidos cuando se aplicó a ello. Emprendedora, como dirían ahora. Con Manel, 10 años mayor. Superando juntos dificultades y adversidades alguna de las cuales comprometían la continuidad del propio negocio. Cosas de pequeños pueblos, y a veces no tanto.

En el mostrador desde siempre, puso los cinco sentidos, y entrega como diría ella. Siempre en un tono convincente aconsejando clientes de todo tipo, edades y condición, solos o en grupo. En todos los años de atención fue haciendo de los clientes recurrentes amigos y conocidos. Todavía ahora, desde el cuarto trasero de la tienda, son muchos los que vienen a verla y a pasar un ratito a charlar. Si hace buen tiempo en la entrada  del lado, también cerca de la tienda, saludando y hablando, con uno y con otro de “lo divino y lo humano”, de los recuerdos pasados, de por dónde va la vida, haciendo doctrina del vivir o arreglando el país. Solo le falta Manel, dice. Tomando el sol de mediodía, en compañía cambiante y con la calma de la edad.

Y en verano en el jardincito, también cerca de la tienda, que si no la nostalgia…con tanta dedicación con tanto que la ha disfrutado, y así poderse reencontrar con quien viene a saludarla. Bajo un par de arbolitos, con sombra o con sol, o con la hojas cayendo, pero oyendo el timbre o el trajín si alguien entra en la tienda o sale de ella.  Y a punto, si la vienen  a ver, para pedir si han sido bien atendidos. Porqué el cliente, ella los abe bien aun sin universidad, es sagrado.

Port todo ello será que con frecuencia el cliente dice apenas entrar  ¿Y Dolors, cómo está? Está bien, por aquí cerca siempre anda, tal vez con algunos amigos, la encontramos e iremos a saludar, antes o después de pasar por la tienda.